Con el tiempo, lo que irrumpió como un fenómeno imparable se va desdibujando.

Así ocurrió con el panderetero que desde hace dos meses se para a cantar frente a los balcones de LA GACETA durante largas horas.

Muchos pensaron que se quedaría para siempre y que en el destino de la redacción estaba escrito que habría que escuchar cada tarde los extensos conciertos de grito y pandereta.

Pocos, sin embargo, expresaron beneplácito.

Algunos pensaron que era digno de atención periodística. Así fue que ayer el hombre apareció en la sección "todo en cinco".

No obstante, las cosas empezaron a cambiar.

Irrumpieron hace días dos violinistas que lo obligaron a correrse cerca del mercado.

Todos lo notaron. Alguno sugirió hacer una vaquita para que se queden los violinistas.

A pesar de todo, quedó claro que, antes que cambios, había meras variantes. La música callejera frente al diario es el fenómeno que perdura, más allá de los intérpretes.